La Cultura Aconcagua

Período Prehispano de mi Tierra

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Aríbalo de la cultura Aconcagua

            La población Aconcagua se distribuía en el Valle Central y curso medio del río Aconcagua, desde la costa hasta la cordillera de Los Andes, lo que le permitía acceder a múltiples áreas de recur­sos. La cultura Aconcagua no se encontraba adaptada al medio marino; como otras culturas chilenas, care­cía de embarcaciones y anzuelos. Estos últimos sólo fueron incorporados tardíamente, probablemente traídos por los incas.

          En las áreas de precordillera y cordillera, tan­to de la costa como de Los Andes, encontramos a la población Aconcagua ocupando cuevas y aleros, las conocidas casas de piedra, que los arrieros siguen utilizando en la actualidad. La permanencia en este ambiente, breve y confi­nada a la estación estival, se orientaba a la caza o apresamiento de guanacos. Actividad complementaria era la extracción de materias primas líticas de calidad para la elaboración de sus he­rramientas. La existencia de ocupaciones Aconcagua en sectores transandinos no ha sido bien estudiada pero nos prueba el traspaso de hombres e ideas en ambos sentidos, no siendo la cordillera una barrera para la comunicación. De hecho, existen datos para afirmar la presencia de la cultura Aconcagua en algunos sitios al este de Los Andes.

              Los asentamientos o lugares de habitación, de ocupación casi permanente y de mayor en­vergadura, se encuentran en todo el Valle Cen­tral y curso medio del río Aconcagua. La ocupa­ción se ciñe a lo que los arqueólogos denomi­namos patrón de asentamiento disperso, pues­to que dentro de esta cultura no encontramos aldeas, tan comunes, para las otras culturas an­dinas. Este patrón disperso guarda mucho en común con el patrón de asentamiento mapu­che conocido históricamente. Los lugares de ha­bitación se disponen en terrazas fluviales o a pie de monte, a lo largo de esteros y ríos, siem­pre en asociación a tierras de aptitud agrícola, quedando las distintas unidades de habitación cercanas unas de otras. Hasta el momento, se han reconocido basamentos de estructuras ha­bitacionales que muestran paredes de quincha y pisos preparados intencionalmente. Por su ta­maño, dichas unidades no pueden haber comprometido a un grupo mayor al de una familia extensa. En el área de la vivienda y aledañas se realizaban todas las actividades cotidianas: agrí­colas, faenamiento de presas, manufactura de herramientas en piedra y hueso, preparación de alimentos, elaboración de la alfarería y otras.

         El ámbito de la muerte era un tópico de gran importancia para los miembros de esta cultura. Los cementerios se encontraban separados especialmente de lo cotidiano. Al contrario de otras culturas chilenas, en que los muertos eran inhumados directamente en los mismos lugares donde se residía, la población Aconcagua  reservaba un espacio especial para tal efecto: sus extensos e imponentes cementerios de túmulos­.

Subsistencia, tecnología, y recursos de la Cultura Aconcagua

              El Inventario de he­rramientas de piedra qué se registra en los sitios de habitación se encuentra asociado principalmente con ac­tividades de caza, faena­miento de animales y actividades agrícolas de cultivo y molienda de vegetales. En relación a la primera actividad, encontramos finísimas puntas de proyectil, de forma triangular y base escotada, trabajadas con la técnica de pre­sión; raspadores; raederas; etc. También en­contramos los desechos del trabajo de elabora­ción de estos instrumen­tos: lascas, láminas, mu­chas de las cuales fue­ron utilizadas directa­mente aprovechando sus filos naturales, Estas herramientas se relacio­nan directamente con los restos faunísticos de guanaco, aves y otros animales que encontra­mos en los yacimientos. En la costa se descu­bren, además, chopes -instrumentos líticos­- para la extracción de mariscos desde los sec­tores rocosos y pesas lí­ticas de red para la cap­tura de peces, probable­mente en lagunas y es­tuarios.

              Ligados a las activi­dades agrícolas halla­mos instrumentos como: palas de piedra, morteros y manos de moler; todavía muy comunes en nuestro cam­po. No existe claridad aún sobre los vegetales cultivados o recolecta­dos, sin embargo, exis­ten indicios de que de­bieron conocer el maíz, el zapallo, el poroto, entre otros cultivos, además de la recolec­ción de frutos silvestres y semillas de algarrobo muy abundantes, en ese entonces, en Chile Cen­tral.

            Corroborando la importancia de los ali­mentos de origen vege­tal y la práctica de algún tipo de agricultura, en­contramos la alfarería, que, de modo funcional, sugiere la cocción de ali­mentos, principalmente vegetales.

              Otros materiales ma­nejados por la cultura Aconcagua eran el hue­so y fibras de lana para la textilería. En hueso se registran dos categorías: una, de carácter funcio­nal ligada al trabajo de pieles y otras materias primas, dada por punzo­nes y leznas; y una se­gunda, de carácter ri­tual, que incluye cucharas y espátulas, ligada al consumo de alucinógenos. En rela­ción a la textilería, se han encontrado restos de fibras animales en muy mal estado y torte­ras cerámicas para hilar.

              No se puede pasar por alto el manejo de la metalurgia, puesto que a los ya conocidos aros encontrados en las tum­bas se ha sumado el re­gistro de moldes de piedra y restos de abundan­te escoria, todos producto del trabajo del co­bre. En síntesis, las evi­dencias que tenemos y su relación con asenta­miento, tecnología y recursos, nos hablan de una estrategia de subsis­tencia altamente eficien­te. Ésta involucra tanto la caza como la captura para su posterior agua­chamiento de guana­cos, prácticas agrícolas, recolección de vegeta­les y extracción de recursos marinos.

La Muerte en la Cultura Aconcagua

       El mundo de la muerte y todo lo relacionado con éste era una preocu­pación esencial de la cultura Aconca­gua, y es uno de los aspectos más estudiados por los arqueólogos.

       La vida y la muerte constituían dos ámbitos, tajantemente separados, nunca se sobreponían en un mismo espacio como ocurre con otras cultu­ras en que la muerte es Integrada a la vida cotidiana.

       La población Aconcagua erguía enormes cementerios para sepultar a sus muertos, que en Chile Central re­ciben el nombre de ancuvinas por parte de los lugareños. Aún hoy son fáciles de reconocer por la conforma­ción tumular de las tumbas, que ase­mejan conos elevados y achatados. Cada túmulo es una tumba individual o colectiva, con hasta seis individuos inhumados, a igual o a distintas pro­fundidades.

        El túmulo es una acumulación monticular de tierra y piedras que sir­ve entre otras cosas como señaliza­ción de las tumbas. Son de forma cir­cular, ovoidal o elíptica, con diámetros entre 3 y 20 m y altura entre 0.30 y 1.50 m. Ésta es la situación que po­demos observar en la actualidad des­pués de siglos de erosión climática y antrópica.

        Los cementerios conocidos contie­nen desde diecinueve túmulos, corno Huechún al norte de Santiago, hasta más de trescientos en el de la hacienda Lliu-Lliu, en Olmué. Otros grandes ce­menterios son Bellavista, cerca de San Felipe, y Algarrobal del Alto en Til-Til. Se ubican generalmente en el Valle Central y curso medio del río Aconcagua, en rinconadas o a pie de monte.

Los contextos de tumba, es decir, el ajuar u ofrenda con que se acompañaba a los individuos muestra una gran variedad. En el cementerio de Chicauma, que cuenta con más de cien túmulos, de los cuales se han estudiado cuarenta y cinco, ha sido posible observar algunas de sus características. En un universo de setenta y cuatro individuos, en el que se encuentran representados todos los grupos de edad (niños, adolescentes, adultos y ancianos) inhumados tanto en túmulos colectivos como individuales, se observó que sólo catorce pre­sentaban ofrenda cerámica. Ésta com­prendía de uno a tres cacharros por individuo y se presentaba con independencia del sexo o edad de los mismos. De la misma manera sucede con los arreglos de piedra de tipo lineal o semicircular que acompañan a los in­dividuos. Elementos diferenciadores de la población eran los collares, exclusivos de los niños, y las puntas de proyectil y fogones asociados a los adultos. Desde el punto de vista del sistema de creencias, el estudio del cementerio ha revelado importantes pistas para acceder al conocimiento de los sistemas simbólicos que orga­nizan el ámbito de la muerte en la cultura Aconcagua.

Si el tema te interesa puedes tambier ir a esta pagina del diario La Nación http://www.lanacion.cl/p4_lanacion/antialone.html?page=http://www.lanacion.cl/p4_lanacion/site/artic/20041011/pags/20041011181807.html?0.5?0.5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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